Andrea Sarnari se crió en la chacra familiar, a unos 30 kilómetros de la ciudad bonaerense de Bolívar. La actual presidenta de Federación Agraria Argentina -la primera en sus 112 años de historia- acompañó a su padre desde muy chica a las reuniones de la entidad agropecuaria y a los 13 años inició su participación en la juventud. Estudió Derecho en la UNR y se especializó en derecho agrario en la UNL, donde además cursó una maestría en entidades de la economía social. “Pasé por diferentes lugares dentro de FAA, me formé dentro de la juventud gremial agropecuaria en FAA, desde que era Humberto Volando presidente. Estuve con todas las presidencias que siguieron, con todas las gestiones, pasé por diferentes lugares. Después estuve a cargo de la Fundación Federación Agraria mucho tiempo, que es el ámbito donde se forman los dirigentes agropecuarios, además de elaborar proyectos productivos y acompañar a los productores de ese lugar, con las cooperativas, con las filiales nuestras. Después fui síndica titular a nivel nacional de la entidad. Más tarde fui electa directora a nivel nacional, conformé el consejo directivo central, fui directora por el distrito nuevo, que es el que agrupa a todas las filiales de la región centro de la provincia de Buenos Aires. Y en los últimos años fui secretaria gremial de la institución y así llegué a este año, que me postulé a presidente y fui electa en septiembre”.
—¿Cómo nació tu conexión con el campo?
—Yo me crié en una típica chacra de medianos productores donde se hace agricultura y ganadería. De Agricultura básicamente en mi región lo que más se hace es trigo, algo de soja, girasol, maíz, lo típico de Pampa Húmeda. Y ganadería, bovina principalmente, pero desde chica teníamos más diversidad de producción. Era la típica chacra donde hay ovejas, hay gallinas, hay cerdos, hay un monte frutal, se hace un poco de quinta para consumo interno, es decir una chacra bien mixta. De todas formas, nosotros, con mi hermano, que estamos a cargo hoy de la chacra, y con mi mamá, nos hemos abocado más a la ganadería bovina y es nuestro fuerte. Hemos dejado bastante la agricultura, si bien hacemos algo de agricultura en la rotación de los suelos y para conseguir algún alimento para nuestros propios animales, pero nos abocamos mucho más a la ganadería. Igualmente seguimos teniendo nuestras gallinas para tener los huevos de consumo interno, los chanchos para hacer la carneada de invierno y tener la faena, digamos el chorizo seco, el jamón. Esas cosas culturales siguen estando, como una forma de vida.
—¿Cómo fue esa vida en el campo?
—Yo viví en el campo siempre. La ciudad más cercana, que era Bolívar, me quedaba a 30 kilómetros, todo camino de tierra. Iba a una escuela rural, a 5 km de donde yo tengo la casa. En esa época existía solo la escuela primaria. Y además un club de fútbol que funciona en el mismo lugar. La escuela es la número 14 y el club de fútbol es La 14, que tiene mucha actividad cultural, porque se hace un torneo rural desde hace muchísimos años, donde todos los domingos hay partido de fútbol, y es como el lugar de encuentro de esa región de esa zona rural. Cuando terminé la primaria, un grupo de padres, entre los que estaba mi papá, se movilizó para conseguir una escuela secundaria. Así es que fui la primera promoción que ingresó a la escuela secundaria, que hoy todavía funciona. Después, más tarde, se agregó jardín de infantes. Estamos orgullosos de ser de La 14. Los copetones nos dicen. Los copetones porque gritan mucho, como las perdices copetonas, dicen que son muy gritonas. Bueno, dicen que la hinchada 14 es muy gritona. Entonces de ahí viene el que nos dicen Los Copetones.
—¿Qué implica la elección tuya en este proceso que muchos interpretan como de renovación y qué ingredientes tiene esa renovación?
—Creo que tiene que ver con una renovación generacional. Si bien no soy tan joven, porque tengo 49 años ya, sí vengo formada de las filas de la juventud de la Federación Agraria. Me formé adentro de la Federación Agraria y eso hace que de alguna manera generacionalmente sí haya una renovación con gente nueva, con gente joven, que venimos de la formación de la Federación Agraria. No somos nuevos dentro de la organización, esto lo que quiero significar, pero sí tenemos una edad de renovación, y además, por la impronta que hemos propuesto, que es tomar los valores históricos de la Federación Agraria, tomar esa historia que nos hace tan particulares, pero pensando en el presente y en el futuro de una organización que necesita aggiornarse a los nuevos tiempos, al nuevo sujeto agrario.

—¿Cómo es ese nuevo sujeto agrario?
—Hoy ha cambiado mucho la estructura social agraria, cómo vive el hombre y la mujer de campo, cómo viven las familias rurales. Hoy cada vez menos familias enteras viven en el campo mismo, pero sí viven en la ruralidad, porque viven en los pueblos de los alrededores. Eso hizo que haya mucho desarraigo y que no haya escuelas rurales funcionando o que no haya centros de salud en los ámbitos rurales. Y los productores buscamos confort y comodidades que no existen por ahí en la ruralidad y sí en los pueblos, como tener luz eléctrica, tener caminos, tener escuelas, tener hospitales. Eso ha hecho un desarrollo muy grande desde el campo hacia los pueblos, y hacia las ciudades ni hablar. Entonces la ruralidad hoy se conforma de otra forma y los productores tenemos otra manera de vivir esa ruralidad.
Además de eso, los tiempos han cambiado muchísimo y la tecnología, la conectividad, nos han atravesado. No sólo en la forma de vida, sino en la manera en que hacemos producción. Hoy producir, o tener una herramienta para llevar adelante la producción, no es lo mismo que hace 50 o 100 años atrás, cuando fue creada la Federación Agraria. Hoy un productor maneja muchas cosas a través del teléfono o a través de un dron, o con un tractor que tiene una tecnología que no la tenía hace muchos años, y eso nos ha atravesado en las formas de producir. Y a ese productor hay que interpelarlo de nuevo para que participe en las organizaciones, porque tiene otras motivaciones y otras necesidades.
—¿Qué es lo que hay que cambiar en ese panorama que vos escribís dentro de la Federación Agraria para acoplarse a eso, y cuál es el sello histórico que vos querés recuperar de la historia Federación Agraria?
—Te digo las dos cosas en la misma respuesta. El productor que nosotros representamos dentro de la Federación Agraria sigue siendo el mismo sujeto agrario, ese pequeño o mediano productor que tiene poca espalda, el que tiene poca estructura para acomodarse a los tiempos modernos. Es el mismo sujeto en ese sentido, pero con otras necesidades. Nosotros lo que decimos es que la tecnología, que es maravillosa, que la queremos usar, no siempre está al alcance del productor y menos del pequeño y el mediano productor. Entonces la Federación Agraria tiene que ser la herramienta que genere esos espacios para que ese productor pueda acercarse a esa tecnología, de diferentes maneras. El primer inconveniente con el que se encuentra es un inconveniente económico, de acceso a esa tecnología, porque normalmente la última tecnología es cara. Y al ser cara es inaccesible para el pequeño y mediano productor. Bueno, desde la Federación Agraria somos la herramienta que debe propiciar que haya créditos, que haya instrumentos financieros, para que ese productor pueda tener acceso y de esa manera equipararse a aquel gran productor que sí tiene esa espalda para salir a adquirir esa tecnología. O en otros tipos de tecnologías, hoy las semillas, por ejemplo, o las variedades vegetales, o los animales, tienen una genética que ha mejorado, ha cambiado muchísimo, pero el productor no solo tiene el inconveniente a veces económico para acceder a ella, sino que tiene el inconveniente técnico-científico. No es un desarrollador de tecnología por sí mismo, debe tener instrumentos que se lo alcancen. Y la Federación Agraria debe convertirse en ese instrumento que lo acerque al Inta, a otras organizaciones, donde sí se desarrolla tecnología, y el productor pueda tener acceso. La Federación Agraria debe acomodarse como herramienta para poder generarle al productor ese acceso a diferentes lugares y tecnologías y para que tenga las mismas condiciones de producción que puede tener uno grande. Ese es uno de los motivos.
También ha cambiado el modo de producir, no sólo en cómo se produce en el campo, sino en cómo se administra esa producción. Hoy hay requerimientos, por ejemplo contables, o legales, a los que el productor debe acomodarse y que en otro momento no eran de esta manera. Hoy necesita un abogado, un contador, casi permanentemente, para poder estar en condiciones de poder comercializar su producción. Y los pequeños y medianos productores no tenemos capacidad tampoco como para tener nuestros propios abogados, nuestro propio contador, una estructura empresarial atrás. La Federación Agraria debe convertirse en esa institución que le brinde ese servicio a ese productor que no puede, pero sí puede tenerlo de manera colectiva, a través de una organización como la Federación Agraria.
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—¿Cómo estás viendo la situación a partir de la asunción de nuevo gobierno? ¿Consideras que esta política beneficia o perjudica al productor?
—La situación actual del productor no es fácil, es bastante compleja, tenemos varias variables que hacen que la situación sea difícil. Tenemos precios de los insumos carísimos y altísimos. Tenemos precios de los mercados internacionales decaídos absolutamente. Un mercado interno deprimido por la falta de consumo de nuestros productos. Y a eso le tenemos que sumar una carga impositiva muy voraz que al pequeño y al mediano productor lo perjudican mucho más, justamente por su capacidad. Si a eso a su vez le sumamos la falta de créditos blandos y accesibles para pequeños y medianos productores, la situación del productor agropecuario hoy es difícil. Ni que hablar de que estamos dependiendo del clima, que si llueve o no llueve para que tengamos un poquito más o menos margen de rentabilidad en las producciones. Es decir, estamos ante una situación compleja y no estamos fuera de un proceso de concentración económica que se viene dando desde hace muchísimos años. Hace más de 30 años que venimos sufriendo un proceso de concentración donde cada vez son más excluidos del sistema productivo, que se agrava ante estas situaciones y ante medidas económicas que están mirando la macroeconomía y que poco están mirando la economía interna y cómo la estamos vivenciando los productores. Con lo cual los tiempos que vienen no parecen ser los mejores tiempos para nosotros.
—¿Cómo se sale de acá?
—Yo creo que la manera que tenemos de salir de acá es con planificación estratégica a mediano y a largo plazo. No hay que focalizarse en las medidas puntuales de cada uno de los gobiernos, porque si no siempre quedamos distraídos en esa coyuntura que nos ataca momentáneamente. Y después, a los dos o tres años, estamos en la misma situación. Creo que tenemos que madurar como argentinos y tener planificación estratégica. Necesitamos un Estado presente. Sí somos conscientes de que el Estado tiene que ser eficiente, que hay que mejorarlo un montón, pero que el Estado tiene que estar presente en esas políticas públicas. No hay otra forma. Y la planificación debe trascender a los gobiernos y a los colores políticos, si no siempre estamos dependiendo de quién nos gobierna para ver cómo nos terminamos de acomodar para ir zafando.
—Pero hay un gobierno que dice que arregla la macro y deja que todo se arregle solo. ¿Qué opinas de eso?
—Creo que nuestro desafío es tratar de juntarnos con los actores sociales que corresponden, hablando de lo productivo, con toda la cadena productiva y repensar la Argentina que queremos, más allá de que el gobierno, por supuesto, va a decidir, porque es la decisión de ellos. Pero nosotros, como gremio, tenemos que juntarnos entre todas las fuerzas que hacemos a la producción argentina y planificar un poco más allá. Si no, vamos a depender siempre de la voluntad de un gobierno que nos baje o no suba el pulgar.
—Pensás que esa conjunción de fuerzas, una puede ser la Mesa de Enlace, ¿se está desarrollando según ese criterio o hay divisiones que frenan?
—Creo que nos falta, que no lo estamos haciendo bien como sector, nos falta todavía madurar y poder sentarnos en una mesa todas las cadenas productivas. Acá tienen que estar los productores primarios, pero tiene que estar también el comercio, tiene que estar la industria y tiene que estar el Estado. Son mesas que no han tenido continuidad o que no han sido conformadas. Y me parece que como sectores de la sociedad productiva tenemos que ser capaces de generar esas mesas y convocarnos. Podemos tener algún funcionamiento bueno, malo o mediano, pero por sectores. Todavía no hemos sido capaces de trascender a nuestro propio sector y poder sentarnos a planificar una Argentina que va más allá de mi campo, de mi producción primaria, de la mesa de enlace. Esos espacios no están generados en la Argentina, no hay planificación, acá la planificación siempre viene del gobierno, pero nosotros como sectores no lo hemos podido lograr, o no lo hemos hecho, no lo hemos intentado.
—¿Vos decís que se puede hacer independientemente del gobierno?
—Yo creo que sí, que los sectores privados, conjuntamente con ámbitos del Estado, tenemos que ser los que empujemos esa planificación.
—Sos la primera mujer presidenta de FAA en 112 años de historia.
—En lo personal lo tomé muy naturalmente y de manera normal. Creo que tiene que ver con esto de que te contaba antes, de mi trayectoria, y de como yo he transitado y he vivido el adentro de la Federación Agraria. Creo que mi elección tiene que ver con este trabajo, con esa militancia, el reconocimiento a todo eso, a la capacidad, a la forma de liderar a lo mejor algunos procesos dentro de la organización. No lo sentí ni como una contra ni tampoco como un beneficio. Lo sentí como cualquier otro federado o federada que pudiera conducir ese proceso. Sí soy consciente, muy consciente, desde lo simbólico, de lo que representa para el afuera de la Federación Agraria y para adentro también. Porque es visibilizar un trabajo que las productoras primero en nuestras chacras hacemos cotidianamente y después hacemos en la organización y que tantas veces pasa desapercibido, invisibilizado, y el hecho de que haya una mujer presidente ha puesto en valor todo ese trabajo y lo visibiliza desde otro lugar. Así que estoy muy consciente de eso y también es una responsabilidad poder mostrar que los roles tienen que ver con lo que uno hace y no con el género.

