El presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA), Daniel Urcía, emitió fuertes críticas al Gobierno en el informe mensual que emite la organización.
“Hay fábricas reprogramando su producción para reducir gastos, lo que afecta turnos y días de trabajo, hay preocupación en la cadena de pagos y prima la precaución”, enunció el máximo dirigente de la cámara que agrupa buena parte de los frigoríficos del interior del país.
Urcía ya había anticipado en enero la posibilidad de cierres de plantas de faena a raíz de un escenario de costos inviable para la actividad, y ese presagio ya se está cumpliendo, entre otras luces de alerta que titilan cada vez más fuerte en la cadena cárnica.
“Como dijimos en ediciones anteriores se avecina un año especialmente difícil para el sector de la industria cárnica y ya hay impactos resonantes: tres plantas con habilitación de mercados externos ubicadas en Bahía Blanca (Buenos Aires), Bernasconi y General Pico (ambas en La Pampa) dejaron de operar entre fines del año pasado y los primeros meses de este”, remarcó Urcía.
Dentro de este contexto, señaló el inconveniente con la cadena de pagos. “Por otro lado, en el eslabón comercial de la cadena hay preocupación por el alargamiento de los plazos de pago que genera descalces financieros y en algunos casos pérdidas del capital de trabajo”.
“El crédito característico del sector, es soportado por la cadena porque casi no hay financiamiento bancario o externo para la compra de hacienda con destino a faena”, agregó.
Por estos motivos, insistió en que “será un año para revisar y estar atento a todos los costos” y en que “las empresas deberán ser muy precavidas en la toma de cada decisión”.
Urcía planteó un reclamo hacia la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA): ante un panorama en que la rentabilidad se ha reducido al mínimo o es negativa, los reintegros del Impuesto al Valor Agregado (IVA) se vuelven un factor fundamental.
“El atraso en la devolución de reintegros de IVA por ARCA pasa a ser absolutamente relevante en virtud de la revaluación que tuvo la hacienda y es un daño financiero adicional que restringe la capacidad y operatoria comercial”, indicó.
Y en el orden fiscal, se quejó de que no hay freno en el crecimiento de la faena marginal con destino comercial (a campo) tanto de vacunos como de porcinos.
“Situación que la gran mayoría de comunas y municipios, además de organismos provinciales y nacionales, miran para otro lado, ponen en serio riesgo a la actividad formal y al empleo registrado”, denunció.
Finalmente, Urcía analizó que los incrementos de precios que tuvo la hacienda parece que llegaron a sus niveles máximos y, a juzgar por la respuesta que están dando matarifes y frigoríficos, pareciera que se está encontrando un escenario de precios algunos escalones más abajo que los picos logrados semanas atrás.
“Es probable que estos valores se sostengan durante algunos meses. Cabe destacar que los precios de la carne y de la hacienda para la faena aumentaron en torno al 70%, duplicaron a la inflación lo que no se puede sostener durante más tiempo porque las empresas se terminan quedando sin capital de trabajo. Eso sin contar los incrementos en otros rubros como combustibles, energía eléctrica, gas y la siempre necesaria recomposición salarial”, repitió, con relación al momento complicado a nivel sectorial.
Además, hizo referencia a cómo el pollo y el cerdo se han puesto más competitivos con respecto a la carne vacuna.
“Con estos precios de la carne vacuna, y según las mediciones que hizo el IPCVA, se amplió la relación con el pollo. Actualmente con 1 kilo de asado se pueden comprar 3,94 kilos de pollo, brecha muy cercana al máximo logrado en 2022 que de 3,96 kilos a 1. Por otra parte, la relación con la carne de cerdos es de 2 a 1, es la diferencia más amplia desde 2022 cuando se fue de 1,48 kilos de carne porcina por uno de carne vacuna”, desglosó.
Frente a este panorama, consideró que es hora de reconstruir el Índice de Precios al Consumidor (IPC), dándole más relevancia en la torta de consumos de la población a las carnes alternativas a la bovina.
“Esta situación permite que esta carne se vaya posicionando como una alternativa para el consumidor pese a que la Encuesta Nacional de Hogares del año 2004 y base de la construcción de IPC no le da relevancia y participación en su elaboración”, mencionó Urcía, con respecto específicamente a los cortes de cerdo.

